Tengo mucha suerte porque me gusta mi trabajo y me gusta viajar. Las dos cosas coinciden en este caso y, cuando más me gusta coger el coche es en esos días grises, en los que todo parece estar quieto. No los días de lluvia, sino esos días en los que el cielo tiene nubes preciosas en las que puedes ver todo tipo de figuras, como cuando éramos niños, y apenas sale un tímido rayo de sol.
Pongo música tranquila, generalmente blues, ryb y, parece como si en vez de ir sobre el asfalto, fuera deslizándome sobre él. Sin prisa, tomándome el tiempo suficiente como para no perderme nada.
Esos momentos son de ensoñación, un paréntesis entre las charlas en las farmacias, los ruidos y las voces de la gente que me rodean cuando estoy vendiendo. Momentos en los que me enamoro de alguien imaginario y construyo una historia hecha a mi medida.
Mientras todo esto ocurre por mi cabeza, observo el cielo y el paisaje, un pájaro que vuela justo frente al parabrisas, los flamencos rosados en las salinas de Santa Pola, los naranjos y limoneros cuajados de fruta, las flores rojas de los granados...
Viajo por lugares preciosos, caminos poco transitados de montaña o playa para llegar a mi trabajo. A veces tengo que parar el coche para recrear la vista y empaparme de tanta belleza ¡Vamos siempre con tantas prisas a todas partes que no nos da tiempo de detener la mente en aquello que nos da vida!.
Coger el coche en esos días de una claridad perfecta, sin nada que nuble la visión... es meterme en un mundo ideal, donde tengo todo aquello que necesito para ser feliz.
eyyyy me encanta esta historia. Por un momento he ido sentada a tu lado en el coche. Me has hecho partícipe de tal disfrute.
ResponderEliminarEnvidio mucho esa posibilidad tuya de viajar. A mí me toca el mismo cubículo todos los días. El viajar te hace sentir taaaan libre que buffff... ES GENIAL.
Enhorawenaaaa Sole por ser tan afortunada