Hoy, mirando en viejas carpetas, he encontrado antiguas poesías.
NUEVO PERDÓN
Mariposa azul de lento y triste vuelo
ayer entre el dolor y la esperanza fuiste.
Yo rompí sin querer tus tenues alas y
me llevé su polvo entre los dedos.
Tu perdiste la magia de la risa
y el brillo enloquecido de tus ojos,
yo me quedé parada y, lentamente,
mis rosas se convirtieron en abrojos.
Ayer, en la penumbra de tu vida,
buscabas ya tus alas despojadas,
no quise esperar, al verte triste,
tenía que traértelas a casa.
Mariposa azul de lento y feliz vuelo
hoy entre sus ojos y mis ojos fuiste,
devolví tus alas florecientes y
el polvo separé de mis dedos.
Tu recobraste la magia de la risa y
el brillo enloquecido de tus ojos.
Yo me quedé parada y, lentamente,
en rosas se convirtieron mis abrojos.
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Se abre el corazón y entra la noche.
De puro dolor lo siento vivo y,
miro en mi y, en ti y, en la penumbra
para encontrar algo que se escapa,
parecido a vivir.
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martes, 19 de febrero de 2013
domingo, 17 de febrero de 2013
El Respeto
A
veces me pregunto que entiende la gente por respeto. La palabra
respeto proviene del latín “respectus” y significa atención o
consideración. Según la R.A.E. Es veneración, acatamiento que se
hace a alguien. Yo añadiría a estas definiciones “buena
educación”, que no es sólo saber como coger los cubiertos en la
mesa o como debe saludarse a determinadas personas, es ser tolerante
con las ideas de los demás, ser cuidadoso para no ofender a otros
cuando no piensan o actúan como tu.
Me
sorprende mucho que, gente que exige respeto a los demás, no sea
capaz de respetar ellos mismos a los opuestos. Se ve mucho en el
pensamiento político. Los de derechas no aceptan las ideas de los de
izquierdas, insultan los idearios políticos, etc. Lo mismo ocurre
con los de izquierdas con respecto a los de derechas y, se ve mucho a
nivel personal cuando alguien no consigue algo que quiere que salga
como desea y, paga su frustración con los demás.
En
la cuestión política, yo preguntaría a estas personas incapaces de
hacer un comentario constructivo, si realmente creen que actuar de
esa manera es actuar democráticamente. No creo que ni el insulto ni
las amenazas sean democráticas.
Cuando
no estamos de acuerdo con lo que los políticos nos plantean, existen
maneras de expresar nuestro rechazo sin llegar a extremos tan poco
elegantes. Dejamos de votarles, nos manifestamos, conseguimos firmas,
publicamos en las redes sociales nuestra idea, etc, pero decir cosas
como que a ver si los matan y lindezas como esas, lo que me demuestra
es que somos democráticos siempre y cuando las cosas se hagan como a
nosotros nos gustan y eso, no es ser democrático y mucho menos
respetuoso.
A
nivel personal, creo, que nadie, absolutamente nadie, merece ningún
tipo de maltrato ya sea verbal o físico. Cuando una persona ha
formado parte de nuestra vida, de la manera que sea, lo mínimo que
podemos hacer es tratarla con respeto. Ha estado en tu día a día,
ha formado parte de algún proyecto junto a ti, posiblemente te ha
querido y tu a esa persona y, si es una persona que no te interesa,
lo mejor es ignorar que existe, pero jamás hacer uso del
conocimiento que tienes de ella para hacerle daño, mucho menos
públicamente. Eso es ser una persona ruin y miserable.
Puedo
no estar conforme con lo que piensas, puede que tu manera de vivir no
me guste, quizá haces algo cotidianamente con lo que no estoy de
acuerdo pero nunca te hablaré de manera que te sientas ofendido/a.
Podré comentarte mi punto de vista, no imponértelo, porque al fin y
al cabo tu vida es sólo tuya. Yo no vivo en tus zapatos ni tu en los
míos. ¿Por qué no nos sentamos tranquilamente y descubrimos
aquello en lo que si coincidimos? Y si no te apetece sentarte ¿por
qué no me dejas, simplemente, vivir en paz?.
miércoles, 13 de febrero de 2013
Mi madre
Desde
hacía mucho tiempo, tenía ganas de escribir sobre mi madre. Es
como una asignatura pendiente que tengo la necesidad de aprobar antes
de que ella no esté entre nosotros. Así que los que leéis el blog,
me tendréis que perdonar por escribir sobre algo que, lo más
probable, no os interese lo más mínimo.
La
relación con mi madre no ha sido fácil. Desde que puedo recordar he
tenido un sentimiento hacia ella de amor/odio; seguramente debido a
una falta de comprensión por mi parte, a haber sido muy estricta en
todo, a no profundizar en los por qués de sus actos y a juzgar sin
demasiado criterio.
Ser
capaz, con los años y lo que va enseñando la vida, de darme cuenta
de que yo no era perfecta, que lo que no es capaz de doblarse termina
por romperse y de que mirando con más atención puedes comprender
muchas cosas y, sobre todo, aprender a respetar a los demás, me ha
ayudado a quererla ahora con un amor que no puede echar nada en cara,
que no juzga, que olvida aquello que en su día dolió; es decir, a
quererla de verdad.
Mi
madre es una mujer mayor que, en su día, fue espectacularmente
guapa, elegante y que llamaba la atención por donde iba. Hoy, para
mi, sigue siendo guapa y elegante, aunque ya rara vez se arregle;
pero es elegante ella, su ser, su manera de tratar a la gente. Ella
siempre fue consciente de ello y sabía como sacar partido con su
poder de seducción. Hoy, lo que más me importa, lo único que me
importa, en realidad, es que es una mujer buena, que adora a sus
hijos, que ha sido capaz de perdonarnos todo lo que hemos hecho mal.
Todas
aquellas cosas que nos enfrentaban han dejado de existir.
Cuando
mi hermana y mi padre murieron y yo decidí irme a vivir con ella, no
sabía que aquello iba a suponer el conocimiento y reconocimiento a
mi madre. Es como si todo lo que pasa, pasara por algún motivo
especial. Hoy se que ese motivo es que las dos necesitábamos estar
juntas, conocernos, hablar, comprendernos. Necesitábamos compartir
un espacio que no compartíamos desde que yo tenía dieciocho años
y, sobre todo, vivir juntas y salir adelante del dolor de la pérdida.
Con
cuarenta y nueve años ha sido cuando he empezado a conocerla de
verdad y, en estos casi cinco años que llevamos juntas he
descubierto a una mujer capaz de comprender, capaz de reestructurar
su mente y empezar a ser una persona con su propio criterio, una
mujer entregada y generosa y sobre todo con un corazón lleno de
amor.
Hemos
aprendido a respetarnos mutuamente, a llevar una convivencia fácil y
cómoda y cuando surgen problemas, siempre ajenos a nosotras, hemos
aprendido a hablar con calma.
Estos
años con mi madre están siendo para mi un regalo. Algo que siempre
quise y no supe tener. Disfruto de su compañía, de sus atenciones
hacia mi, que son muchas, hasta cuando discutimos por tonterías como
si ves este programa de televisión o el otro, disfruto de ella.
Disfruto de su cariño, de poder darle el mío, de decirnos “te
quiero”, cosa totalmente imposible antaño porque yo mantenía las
distancias; de viajar juntas, de salir algún día que otro a comer
fuera y tomarnos un vino juntas.
Yo
he encontrado a mi madre y mi madre a reencontrado a la hija pródiga.
Quiero
a mi madre, la quiero mucho. Ella lo sabe porque lo mismo que antes
no soportaba su presencia y ella lo sabía, ahora tenía que saber
que la quiero, que la respeto, que la necesito y que me siento muy
orgullosa de ser su hija.
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