lunes, 31 de diciembre de 2012

Mis despropósitos del 2013

 Todos los años, por esta fecha, hacemos propósitos de enmienda. He decidido no perder el tiempo, no voy a hacer ninguno porque nunca los cumplo.
 En vez de hacer propósitos de enmienda, voy a hacerlos de desemmienda, es decir, que para este año que viene, voy a hacer todo lo que siempre quise hacer y no hice o llevo mucho tiempo sin hacer.
 Voy a tomarme las cosas menos en serio, por salud propia, no por otra cosa.    Voy a intentar hacer más viajes de placer, voy a seguir fumando, porque aunque se que es malo, me gusta fumar, voy a beber lo que me apetezca y si luego he de conducir, cogeré un taxi, voy a reírme mucho, mucho, de mi misma (más de lo normal), voy a tomarme el trabajo con más calma, tal y como están las cosas te dejas los cuernos trabajando para clavártelos en el suelo cuando empiezan a cerrar las empresas. Voy a tener tiempo para escribir, pasear con el perro, largos paseos y a mandar a la mierda a alguna que otra persona que aguanto sólo por educación.
 Este va a ser el año de liberación. 
Así que espero que todos, al menos los que conozco, hagan algo así. Prohibidos los propósitos, demos marcha al cuerpo y hagamos realidad aquello que nos hace felices. Es hora de cerrar puertas y abrir nuevas ventanas, de poner sábanas limpias en la cama para amanecer oliendo a ropa recién planchada el año que viene, hora de poner flores y plantas bonitas por la casa y deshacernos de tantas cosas inservibles que guardamos como si tuviéramos el síndrome de Diogenes. Nos sobra mucho de lo que tenemos.
 Os deseo lo mejor a todos, los que conozco y los que no, que nadie sabe si algún día llegaré a conocer y, sobre todo, deseo que abramos nuestro corazón a los demás y demos de lo único que nunca sobra, Amor, simpatía, amistad, ternura y compasión.

jueves, 27 de diciembre de 2012

La música

Recuerdo cuando vi la película El diario de Bridget Jones, la primera escena, cuando está borracha, escuchando una canción y en medio de su derrota se pone a cantar y dirigir la orquesta mientras llora por un amor no correspondido. Una escena que, posiblemente, todos, en algún momento de nuestra vida, hemos interpretado.
 ¿Quien no se ha puesto a cantar a grito pelado sintiendo que esa canción que sonaba estaba expresando todos los sentimientos que nos embargaban en aquel momento?, ¿Quien no ha dirigido a una sinfónica con el palo que meten en los zapatos para que no se deformen a modo de batuta?. ¿quien no ha soñado, mientras iba conduciendo y escuchando música, que todo el horizonte era un escenario en el que éramos el único protagonista?...
 La música tiene poderes para transformarnos, para sacar de nosotros lo mejor, lo más profundo, lo más auténtico...Es la única de las artes que no podemos tocar, sólo sentir. Podemos leer las palabras de un libro, pero tiene que haber algo sólido que contenga esas palabras, podemos escribir música también, pero jamás podremos tocar con las manos su sonido. Esa es la magia de la música.
 Me maravilla como, en la cabeza de alguien, pueden sonar esas sinfonías, como se conjugan esas notas para que se conviertan en algo tan hermoso. 
 Hay músicas para todos los momentos, para arreglar la casa, para conducir, para perderse... Músicas que curan, músicas que alteran, para las alegrías, para las penas...descriptiva, abstracta... magia pura que, a veces, está escrita en una sola pieza.
 Conozco sólo a dos personas a las que no les gusta escucharla, como Napoleón, dicen que es el ruido menos molesto. Yo no lo entiendo, lo respeto, claro, pero no lo entiendo porque siempre he sentido que una buena música te permite hacer el viaje más fascinante que pueda existir, un viaje al mismo centro de los sentidos y de las sensaciones. Te lleva volando sobre campos, te sumerge en las profundidades del mar... es como cuando tenemos un sueño bonito en el que podemos realizar todo aquello que deseamos, como cuando nos contaban una historia y nuestra fantasía nos hacía ver aquellos lugares, aquella gente, aquellas situaciones...Si, es eso mismo, cada música es una historia contada con las vibraciones de los instrumentos y con nuestro estado de ánimo, por eso, no importa las veces que escuchemos una pieza, siempre será diferente, dependiendo de como nos sintamos y cada vez nos abrirá puertas, que no sabíamos que existían, a nuestra imaginación y a nuestra sensibilidad. 


domingo, 23 de diciembre de 2012

La medida del amor

No se cual es la vara de medir el amor; ¡ya me gustaría saberla! pero, no existe. Tenemos que conformarnos con la intuición pero, ¿hasta que punto nuestra intuición es certera? ¿No podría ser que dependiera de nuestras necesidades? es decir: Esta persona no me quiere porque no ha cumplido con mis expectativas. Esta si me quiere porque me da lo que necesito, me dice lo que necesito oír.
Pocas veces sabemos con certeza absoluta cuanto nos ama alguien. Sabemos que alguien siente simpatía por nosotros, sabemos que alguien nos aborrece, nos ignora... pero cuanto nos ama no, por lo menos, no en poco tiempo.
Nuestra cabeza hace juegos malabares para sentirnos bien, necesitamos sentirnos queridos, admirados... necesitamos que alguien cumpla nuestros deseos. Del mismo modo necesitamos admirar, hacer sentir bien a otra persona (porque no creo que nadie pueda amar a quien no admira)... el amor es algo realmente complejo.
Cuando conocemos a alguien, primero nos entra por los ojos. La primera impresión es fundamental, lo físico es lo que pone todas las hormonas en movimiento. La apariencia. Luego es el primer conocimiento, charlas con las que empezamos a saber si esa persona entra en nuestros parámetros, en las que intentamos conocer y que nos conozcan y, por supuesto, las hormonas siguen jugando su papel y ya, al cabo de cierto tiempo aparece el enamoramiento, el deseo, las mariposas en el estómago. Después surge el amor y empieza a desaparecer el enamoramiento. En ese preciso momento es cuando realmente empezamos a conocer a la otra persona, ya no hay nada que nos ciegue y, si entonces la amamos, es porque hemos aceptado tanto sus defectos como sus virtudes.
El amor no admite superiores e inferiores, es imposible que una relación de amor dure si una de las dos partes se siente inferior o superior. No es amor estar subyugado por otro, no es amor avasallar al otro ni es amor ser dependiente del otro; porque lo que distingue al amor es que es libre.
Somos dependientes de alguien cuando no hemos sabido resolver nuestro propio yo; cuando tenemos carencias afectivas, cuando no hemos cuajado como persona. Cuando alguien está hecho, no siente dependencia; trata de igual a igual al otro y, entonces, sólo entonces, es posible el amor. Pero cuanto mide ese amor... eso es otra cuestión, que creo, sólo puede saberse cuando ha pasado mucho, mucho tiempo y, aún así nadie está libre de una sorpresa.


sábado, 22 de diciembre de 2012

A por todas

Yo no creo que la gente cambia, en general. Algún caso se da que con los años alguien mejora porque realmente se preocupa de corregir aquello que no es lo mejor pero, no es lo más común. Cuando alguien nace siendo egoísta, egocéntrico y mala persona, es decir, que no se preocupa por los sentimientos de los demás, no cambia. En algún momento se le ve el plumero, se despista y deja ver quien es realmente.
 Conozco a uno así, bueno, conozco a más de uno, pero me refiero a uno en particular, los demás no me importan.
  No se puede vivir aceptando el chantaje emocional de nadie y, menos, cuando hay un menor de por medio. Vas aguantando las malas maneras, no discutes, aceptas situaciones que no te gustan porque si no lo haces, dejas de ver a ese menor y, ese canalla lo sabe y cada vez va aumentando su poder de hacer daño.
 Todo en esta vida tiene un límite y, cuando has hecho lo que estaba en tu mano para que las cosas funcionen lo más normal posible y la respuesta ha sido una coz tras otra, te das cuenta de que has perdido el tiempo y las energías, cuando sabes que, hay otros métodos que van a funcionar.
 Si fuera sólo por mi, no tengo el más mínimo interés en hablar con él, pero si hacen daño a mi madre una y otra vez, la cosa cambia.
 Este elemento ha pensado que en mi casa estamos dispuestos a aguantar carros, carretas y carretones con tal de ver a la niña. Si, por la niña estamos dispuestos a todo, pero por él no.
 Existe el artículo 160 del Código Civil en el que se reconoce expresamente que “no podrán impedirse sin causa justa las relaciones personales del hijo con sus abuelos y otros parientes y allegados”. Y el artículo 90 b) del Código Civil también contempla el régimen de visitas y comunicación de los nietos con sus abuelos, si con ello se beneficia a los menores.
 Teniendo en cuenta que este padre no quería que su hija naciera, que no se preocupó de ella en los cuatro primeros años de su vida, ni siquiera para comprarle un paquete de pañales y, hasta que murió la madre no se hizo cargo de ella. Conociendo muchísima gente el trato vejatorio, la crueldad de él y su familia hacia la madre de la niña y, sobre todo, que fueron la madre y los abuelos quienes cuidaron, protegieron, alimentaron, vistieron y sobre todo, hicieron esto con muchísimo amor. No creo que haya ningún juez sobre la tierra que impida que la niña pueda disfrutar de la compañía de su abuela y sus tíos.
 Ha llegado el momento de dejar de hacer el canelo. Mi paciencia se ha terminado y me tiro por la calle de en medio para que un juez determine los días de visita. El que no nos deje verla en Navidad ha sido la gota que ha colmado el vaso.

martes, 18 de diciembre de 2012

Viaje en coche

Tengo mucha suerte porque me gusta mi trabajo y me gusta viajar. Las dos cosas coinciden en este caso y, cuando más me gusta coger el coche es en esos días grises, en los que todo parece estar quieto. No los días de lluvia, sino esos días en los que el cielo tiene nubes preciosas en las que puedes ver todo tipo de figuras, como cuando éramos niños, y apenas sale un tímido rayo de sol. 
 Pongo música tranquila, generalmente blues, ryb y, parece como si en vez de ir sobre el asfalto, fuera deslizándome sobre él. Sin prisa, tomándome el tiempo suficiente como para no perderme nada.
 Esos momentos son de ensoñación, un paréntesis entre las charlas en las farmacias, los ruidos y las voces de la gente que me rodean cuando estoy vendiendo. Momentos en los que me enamoro de alguien imaginario y  construyo una historia hecha a mi medida. 
 Mientras todo esto ocurre por mi cabeza, observo el cielo y el paisaje, un pájaro que vuela justo frente al parabrisas, los flamencos rosados en las salinas de Santa Pola, los naranjos y limoneros cuajados de fruta, las flores rojas de los granados...
 Viajo por lugares preciosos, caminos poco transitados de montaña o playa para llegar a mi trabajo. A veces tengo que parar el coche para recrear la vista y empaparme de tanta belleza ¡Vamos siempre con tantas prisas a todas partes que no nos da tiempo de detener la mente en aquello que nos da vida!.
 Coger el coche en esos días de una claridad perfecta, sin nada que nuble la visión... es meterme en un mundo ideal, donde tengo todo aquello que necesito para ser feliz.


lunes, 17 de diciembre de 2012

Insomnio

No creo que exista nada peor que no poder dormir. Las noches se hacen eternas y da tiempo a pensar muchas cosas, nada buenas, por cierto. 
 No se que tiene pasar la noche en vela que atrae a los peores fantasmas, a mi, particularmente, me despierta una agresividad que no tengo durante el día, hace que imagine cosas horribles sobre gente que no me gusta, cosas que, de ninguna manera pensaría de haber descansado.
  Estas imaginaciones son como monstruos que, cuanto más las tienes más aparecen, peores y con más hambre, creándome una sensación de angustia tremenda, porque soy consciente de que no debo pensar en ello pero, al mismo tiempo, no puedo evitarlo.
 Me levanto, paseo por la casa como alma en pena, me fumo un cigarrillo y vuelvo a meterme en la cama imaginando paisajes llenos de paz, pero en cuanto llevo dos segundos dando vueltas, de nuevo aparecen los monstruos.
  Mi abuela tenía insomnio crónico, dormía un par de horas y, el resto de la noche la pasaba haciendo ejercicios de memoria en un cuaderno que al día siguiente me leía. Por ejemplo: nombres de flores que empiezan por la letra A. No podía yo imaginar lo que debía pasar la pobre.
 Siempre he dormido como un lirón, daba lo mismo la hora del día, si decidía dormir no me costaba ningún trabajo pero desde hace un par de meses, no se si por el estrés del trabajo, por la salud de mi madre o por la comunión de mi sobrina, pensar en meterme en la cama es como ir al patíbulo, he cogido un miedo tremendo a acostarme y no dormir.
 Anoche pasé toda la noche entera sin pegar ojo. Mi desesperación llegó hasta el punto de tomarme una pastilla para poder dormir. No me gustan las pastillas de ninguna clase, pero o dormía o me daba un infarto. Tenía las pulsaciones a mil. La pastilla no me hizo nada y esta mañana, a las seis estaba dándome una ducha. Cuando he llamado a mi madre para desayunar juntas, le he pedido que las malas noticias me las de por la mañana, a partir de después de comer, sólo cosas buenas y por la noche, películas de amor y lujo.

viernes, 14 de diciembre de 2012

Hoy poesía

1.-
Leve, como el roce de una pluma.
Así es la luz que me atraviesa
del sentir de tu sentir. Leve,
pero cierta, en el centro mismo.
Tan leve que no quiero
decir ni una palabra...
no sea que el aire de mi boca
se la lleve lejos.
Suave, como la brisa del alba
el beso que no he dado,
que espera, queriendo escaparse
hacia tus labios de mis labios,
contenido, no sea que al llegarte
rompa este hechizo
que conoces y conozco,
compartido en un silencio
que clama a gritos.


2.-
Me gusta cuando ríes,
tu forma de mirarme,
el tacto de tus manos,
tus labios al besarme.
Me gusta cuando hablas,
la luz de tu sonrisa,
tu corazón amable
que nunca tengas prisa



miércoles, 12 de diciembre de 2012

Seducir

 Yo soy de la vieja escuela, desde luego. No me gusta nada que nadie me proponga sexo así, a bote pronto.    Me molesta porque creo y me gusta el arte de la seducción, ir conociendo a alguien poco a poco, ir sintiendo interés por la conversación y la presencia, el juego de las miradas, las frases solapadas... los contactos inesperados...
 Hoy me han hecho esta propuesta. Me ha sorprendido primero, porque mi mente en estos momentos está muy alejada de este tema. (A estas alturas de la película no concibo el sexo sin amor) y porque nos llevamos más de veintitrés años de diferencia "horaria", que si aún estando enamorado es bien complicado, sin estarlo  es de tontos, aunque sea una cana al aire. Me ha molestado después por la manera tan burda de proponerlo. 
 Ante algo así, respondo de manera fría y cortante. Te has equivocado de medio a medio conmigo y acto seguido borro a esa persona de mi vida. No por la propuesta en si, que no tiene ninguna importancia, sino por las formas. Creo que me merezco algo mejor y de mejor gusto.
 Tal vez, algunos pensarán que me he pasado tres pueblos, posiblemente con decir no, hubiera sido suficiente, pero soy ya muy mayor para andarme con tonterías y no tengo ni tiempo ni ganas de aguantar nada que no quiera aguantar.
 Como yo ando fuera de onda últimamente, posiblemente desconozca como se lo monta la gente hoy en día. Si es como lo han hecho conmigo, es una pena, a lo mejor tienen sexo, pero se pierden el encanto de la seducción, esa sensación de ascensorico subiendo y bajando por las tripas y eso... no tiene precio.

   

sábado, 8 de diciembre de 2012

Amor tan grande

 Hubo un tiempo en mi vida... grandioso. Un tiempo de luz y profunda oscuridad. Un tiempo en el que los pies no tocaban el suelo, en el que lo más pequeño era lo más grande y lo grande, extraordinario.
 Más o menos a la mitad de mi vida, que nuca fue simple ni común; salía del hospital de que me pusieran una inyección para quitarme el dolor de una contractura de espalda y me crucé con su mirada.
 ¿Como reconoce el alma a quien conoció en otro momento, en otra vida? ¿como sabe que esa es la persona que amó y que, sin esperarla, vuelve de nuevo a ti como dos polos opuestos de un imán a continuar algo que, tal vez, no pudo terminarse?
 Mi vida dio un vuelco. 
 Había tenido otras relaciones, había convivido con otras personas e incluso había pensado que había estado enamorada pero llega la vida y, como si te diera un gran bofetón, te despierta. Amor... ¿que era aquello que despertaba en mi la necesidad de darme entera, de desear su felicidad más que la mía, de proteger nuestro entorno sin cerrar ninguna puerta? ¿como al amar la habitación se convertía en un cielo cuajado de estrellas en la que no existían ni los muebles ni las paredes ni los techos que nos cobijaban? y ¿como, al descansar de ese amor, nuestros cuerpos abrazados necesitaban fundirse hasta ser una sola alma?.
  Vivía repleta de sentimientos audaces y hermosos. Mi cuerpo se ensanchaba con cada respiración del aire que compartíamos.
 Pero todo termina y, aquello terminó pero, no dejó un vacío, no creó un abismo que impidiera sentir amor. No ese amor físico sino ese amor seguro, que siempre se mantiene firme en tu interior y en el suyo, ese amor inmenso que trasciende todo.
 Comprendí que era la primera vez que había estado enamorada y, también, que después de aquello, jamás podría volver a sentir nada parecido.
 Estoy agradecida a la vida que me permitió sentir tanto y tan bonito y, sobre todo, que a raíz de tal amor, aprendí a amar más generosamente.

viernes, 7 de diciembre de 2012

Retazos de Infancia

 Hace pocos días, vino a comer mi hermano Paco con su hijo, Paco 2. En nuestra casa siempre ha habido la costumbre de hablar en la mesa, incluso en aquellos años en que se decía que, en la casa de un militar la vida era de una rectitud tremenda y que era de mala educación hablar mientras se comía.
 La mala educación era y es hablar con la boca llena, no hablar.
 Yo no se lo que pasaba en otras casas de militares, se lo que pasaba en la mía y, en la mía, llevábamos una vida austera, porque el sueldo de militar, en contra de lo que pensaba mucha gente, no daba para mucho y menos cuando en la casa había cuatro hijos. Mi padre tenía que dar clases particulares de matemáticas y mi madre, en épocas, vendía tupperware, en lo que era muy buena.
 Recuerdo a mi padre trabajando siempre, a todas horas. Volvía del Gobierno Militar, comía, empezaba a dar clases a las cuatro de la tarde y terminaba a las diez, cenaba y se metía en su despacho a estudiar. Así un día tras otro, un año tras otro. 
 Mi casa era una casa alegre. Mi madre tenía la buena costumbre de poner música desde primera hora de la mañana, siempre había música en la casa, si no era la suya, era la nuestra. Se fomentaba el gusto por todas las artes, por la poesía (mi padre recitaba muy bien), por la literatura, por la pintura. Si, mi casa era una casa alegre.
 Le contábamos a mi sobrino las cosas que hacíamos, como viajábamos, cantando todos a voz en grito... durmiendo a ratos para al despertar encontrarnos cerca del destino. Nos fijábamos en todo lo que ocurría a nuestro alrededor y cómo un viaje a Cuenca, comiendo en un bosque junto a un arroyo, se podía convertir en una gran aventura.
 La forma en que planeaba mi padre los viajes era así: Estábamos comiendo y nos dijo: si en media hora tenéis el equipaje hecho, nos vamos a Sevilla. No tardamos ni quince minutos. 
 No era un viaje como en estos días; no había autovía y, se tardaba unas doce horas en llegar. Daba lo mismo, era estupendo salir, no importaba donde fuera y lo que tardáramos, sabíamos que lo pasaríamos estupendamente.
 Sevilla olía a azahar y brillaba de color. Paseábamos por sus calles, comíamos pescaíto frito en cucuruchos de papel de estraza, visitábamos la Giralda y los Reales Alcázares, caminábamos tranquilos por el Parque de Maria Luisa y dormíamos en una pensión en la que mi padre estuvo mientras hacía Estado Mayor.
 Nuestra infancia fue una buena infancia. No necesitábamos ropa de marca, mi madre nos la compraba en el mercadillo, tampoco llevábamos dinero encima, nos daban un duro de paga a la semana y solíamos guardar gran parte para regalos de cumpleaños, aniversarios etc. Organizábamos funciones de teatro y hacíamos festivales para celebrar el aniversario de boda de mis padres. Esperábamos las vacaciones porque llegaban los primos y podíamos subir a la Atalaya a investigar por las ruinas del castillo o meternos en el coche los ocho más mi madre para ir a la playa.
 Miraba a mi sobrino mientras hablábamos y veía en sus ojos asombro, como si le resultase extraño que hubiéramos sido niños y hubiéramos hecho trastadas pero también veía ilusión y diversión porque tenemos muchas historias y porque aquellas sensaciones de entonces podemos transmitírselas con el mismo entusiasmo con que las vivimos.

jueves, 29 de noviembre de 2012

Pante

¿Habrá algo más sano que reír? no creo.
 Después de pasar el día de acá para allá, hablando mucho de lo mismo, con una tensión grande por como está la situación del mercado y la sanidad, se agradece muchísimo pasar un buen rato con alguien que te haga reír, aunque sea por medio del ordenador. Compartir buenos momentos con gente que no ves, pero sientes. Como si hablaras por teléfono pero sin oír la voz.
 Si conoces a esas personas y tienes un poco de imaginación, puedes imaginar hasta los gestos y, te ves riendo a carcajadas y a tu madre diciéndote "hija ¿de que te ríes tanto?", sin comprender que estar escribiendo en el ordenador pueda causar tal hilaridad.
 Cuando alguien habla de todo lo que siente sin pudor alguno y, encima, lo hace con gracia,  me hace sentir también más libre, me permito hacer comentarios subidos de tono... No puedo evitarlo, me gusta lo subido de tono, siempre me ha gustado, si no es soez o dicho con mal gusto.
 Entrar en el facebook se ha convertido en algo parecido a llegar a casa, encuentras a esos amigos que cuentan un chiste, que comparten un problema, que te ponen una canción que les ha gustado o que juegan contigo a alguno de esos juegos que terminan enganchando. Llego a casa y leo todo lo que han puesto en el muro y tras algún comentario, empieza la charla, la broma y... la risa.
 Esto va por ti, Pante, por lo mucho que me río cuando "hablamos", por esos buenos momentos que logran que desconecte un rato de los problemas y las tensiones.
Gracias, guapa.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

¿Hasta cuando?

 No puedo evitar sentir una tristeza muy profunda cuando veo tanta gente sin casa, sin tener ni para comer; gente que ha vivido más o menos bien y que ahora se encuentran en la más dura de las miserias. Veo las noticias y siento este dolor mezclado con una rabia tremenda, al ver a estos politicuchos jugar a un juego en el que sólo ellos ganan.
 Todo aquello que costó años construir, lo están destruyendo sin misericordia. No cuentan las personas, cuenta solamente el dinero. No importa la salud, ni la justicia, ni la educación, ni la cantidad de personas que no tienen trabajo. No importa que los jóvenes tengan que irse a otros países que reconocen sus valías, no importa que las madres y padres tengan que despedirse de sus hijos hasta no se sabe cuando, posiblemente para siempre. Han convertido España en el rigor de las desdichas.
 Cuando les veo en la televisión, sonrientes, diciendo que España va mucho mejor de lo que parece, que todo está siendo exagerado por la prensa, me dan ganas de cogerlos por las orejas y llevarlos a las colas de los comedores sociales o a las colas del paro ¿No se les cae la cara de vergüenza?. No, no se les cae porque la vergüenza la tienen intacta de no haberla usado nunca.
Todos los países que conforman la Unión Europea y que exigen a países como Grecia, Portugal, Irlanda y España esos esfuerzos sobrehumanos, deberían recordar (Como Alemania) que en algún momento de su historia se les ayudó a levantar, no a caer.
 Vivimos en un mundo que ha perdido la amabilidad, la humanidad, la compasión. Veo a gente que en su día no tuvo nada y ahora tienen mucho, despilfarrar el dinero, gastar en ropa que no necesitan, yendo a restaurantes carísimos haciendo alarde de poderío y, me pregunto si no piensan en que con un poco de ese dinero que derrochan podrían ayudar a otras personas que sufren porque no pueden dar de comer a sus hijos y, me pregunto también si no recuerdan cuando ellos tenían que hacer chirivitas para hacer lo mismo . Tan poca sensibilidad me asombra y después del asombro me produce un gran desprecio.
 Hoy ha muerto otra persona a causa de estos desahucios que deberían ser llamados crímenes de Estado y yo me pregunto ¿hasta cuando vamos a soportar estos desmanes?, ¿que hará que España entera se tire a la calle para parar esto?