Yo no creo que la gente cambia, en general. Algún caso se da que con los años alguien mejora porque realmente se preocupa de corregir aquello que no es lo mejor pero, no es lo más común. Cuando alguien nace siendo egoísta, egocéntrico y mala persona, es decir, que no se preocupa por los sentimientos de los demás, no cambia. En algún momento se le ve el plumero, se despista y deja ver quien es realmente.
Conozco a uno así, bueno, conozco a más de uno, pero me refiero a uno en particular, los demás no me importan.
No se puede vivir aceptando el chantaje emocional de nadie y, menos, cuando hay un menor de por medio. Vas aguantando las malas maneras, no discutes, aceptas situaciones que no te gustan porque si no lo haces, dejas de ver a ese menor y, ese canalla lo sabe y cada vez va aumentando su poder de hacer daño.
Todo en esta vida tiene un límite y, cuando has hecho lo que estaba en tu mano para que las cosas funcionen lo más normal posible y la respuesta ha sido una coz tras otra, te das cuenta de que has perdido el tiempo y las energías, cuando sabes que, hay otros métodos que van a funcionar.
Si fuera sólo por mi, no tengo el más mínimo interés en hablar con él, pero si hacen daño a mi madre una y otra vez, la cosa cambia.
Este elemento ha pensado que en mi casa estamos dispuestos a aguantar carros, carretas y carretones con tal de ver a la niña. Si, por la niña estamos dispuestos a todo, pero por él no.
Existe el artículo 160 del Código Civil en el que se reconoce expresamente que “no podrán impedirse sin causa justa las relaciones personales del hijo con sus abuelos y otros parientes y allegados”. Y el artículo 90 b) del Código Civil también contempla el régimen de visitas y comunicación de los nietos con sus abuelos, si con ello se beneficia a los menores.
Teniendo en cuenta que este padre no quería que su hija naciera, que no se preocupó de ella en los cuatro primeros años de su vida, ni siquiera para comprarle un paquete de pañales y, hasta que murió la madre no se hizo cargo de ella. Conociendo muchísima gente el trato vejatorio, la crueldad de él y su familia hacia la madre de la niña y, sobre todo, que fueron la madre y los abuelos quienes cuidaron, protegieron, alimentaron, vistieron y sobre todo, hicieron esto con muchísimo amor. No creo que haya ningún juez sobre la tierra que impida que la niña pueda disfrutar de la compañía de su abuela y sus tíos.
Ha llegado el momento de dejar de hacer el canelo. Mi paciencia se ha terminado y me tiro por la calle de en medio para que un juez determine los días de visita. El que no nos deje verla en Navidad ha sido la gota que ha colmado el vaso.
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