domingo, 23 de diciembre de 2012

La medida del amor

No se cual es la vara de medir el amor; ¡ya me gustaría saberla! pero, no existe. Tenemos que conformarnos con la intuición pero, ¿hasta que punto nuestra intuición es certera? ¿No podría ser que dependiera de nuestras necesidades? es decir: Esta persona no me quiere porque no ha cumplido con mis expectativas. Esta si me quiere porque me da lo que necesito, me dice lo que necesito oír.
Pocas veces sabemos con certeza absoluta cuanto nos ama alguien. Sabemos que alguien siente simpatía por nosotros, sabemos que alguien nos aborrece, nos ignora... pero cuanto nos ama no, por lo menos, no en poco tiempo.
Nuestra cabeza hace juegos malabares para sentirnos bien, necesitamos sentirnos queridos, admirados... necesitamos que alguien cumpla nuestros deseos. Del mismo modo necesitamos admirar, hacer sentir bien a otra persona (porque no creo que nadie pueda amar a quien no admira)... el amor es algo realmente complejo.
Cuando conocemos a alguien, primero nos entra por los ojos. La primera impresión es fundamental, lo físico es lo que pone todas las hormonas en movimiento. La apariencia. Luego es el primer conocimiento, charlas con las que empezamos a saber si esa persona entra en nuestros parámetros, en las que intentamos conocer y que nos conozcan y, por supuesto, las hormonas siguen jugando su papel y ya, al cabo de cierto tiempo aparece el enamoramiento, el deseo, las mariposas en el estómago. Después surge el amor y empieza a desaparecer el enamoramiento. En ese preciso momento es cuando realmente empezamos a conocer a la otra persona, ya no hay nada que nos ciegue y, si entonces la amamos, es porque hemos aceptado tanto sus defectos como sus virtudes.
El amor no admite superiores e inferiores, es imposible que una relación de amor dure si una de las dos partes se siente inferior o superior. No es amor estar subyugado por otro, no es amor avasallar al otro ni es amor ser dependiente del otro; porque lo que distingue al amor es que es libre.
Somos dependientes de alguien cuando no hemos sabido resolver nuestro propio yo; cuando tenemos carencias afectivas, cuando no hemos cuajado como persona. Cuando alguien está hecho, no siente dependencia; trata de igual a igual al otro y, entonces, sólo entonces, es posible el amor. Pero cuanto mide ese amor... eso es otra cuestión, que creo, sólo puede saberse cuando ha pasado mucho, mucho tiempo y, aún así nadie está libre de una sorpresa.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Déjame tu opinión, por favor.