Todos los años, por esta fecha, hacemos propósitos de enmienda. He decidido no perder el tiempo, no voy a hacer ninguno porque nunca los cumplo.
En vez de hacer propósitos de enmienda, voy a hacerlos de desemmienda, es decir, que para este año que viene, voy a hacer todo lo que siempre quise hacer y no hice o llevo mucho tiempo sin hacer.
Voy a tomarme las cosas menos en serio, por salud propia, no por otra cosa. Voy a intentar hacer más viajes de placer, voy a seguir fumando, porque aunque se que es malo, me gusta fumar, voy a beber lo que me apetezca y si luego he de conducir, cogeré un taxi, voy a reírme mucho, mucho, de mi misma (más de lo normal), voy a tomarme el trabajo con más calma, tal y como están las cosas te dejas los cuernos trabajando para clavártelos en el suelo cuando empiezan a cerrar las empresas. Voy a tener tiempo para escribir, pasear con el perro, largos paseos y a mandar a la mierda a alguna que otra persona que aguanto sólo por educación.
Este va a ser el año de liberación.
Así que espero que todos, al menos los que conozco, hagan algo así. Prohibidos los propósitos, demos marcha al cuerpo y hagamos realidad aquello que nos hace felices. Es hora de cerrar puertas y abrir nuevas ventanas, de poner sábanas limpias en la cama para amanecer oliendo a ropa recién planchada el año que viene, hora de poner flores y plantas bonitas por la casa y deshacernos de tantas cosas inservibles que guardamos como si tuviéramos el síndrome de Diogenes. Nos sobra mucho de lo que tenemos.
Os deseo lo mejor a todos, los que conozco y los que no, que nadie sabe si algún día llegaré a conocer y, sobre todo, deseo que abramos nuestro corazón a los demás y demos de lo único que nunca sobra, Amor, simpatía, amistad, ternura y compasión.
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