jueves, 7 de marzo de 2013

Mujeres en pie de paz


Mañana día de la mujer trabajadora... ¡como si hubiera otra clase de mujer!. No conozco a ninguna mujer que no lo sea; la que no trabaja en la calle, trabaja en la casa, sólo exceptuando alguna que no da un palo al agua; de esas que por no hacer, tienen ama de cría y “nanny” para que los niños no molesten. Pero son las menos.
Las mujeres a las que se refiere el 8 de marzo, son aquellas que sacan tiempo de todas partes para hacer todo tipo de tareas, aquellas a las que, a pesar del cansancio de cada día, encuentran el momento y el lugar para dar amor a los suyos y a otros muchos; aquellas mujeres que no sólo luchan por unos derechos, sino que cumplen con sus obligaciones con mucho más ahínco porque, a pesar de que en papel, todos somos iguales, sigue habiendo unos más iguales que otros.
El día de la mujer que aún en una lucha diaria, busca la paz y la felicidad dándose a los demás, siendo la mediadora en conflictos de cualquier tipo, siendo el oído atento de cualquier queja, pena, alegría... la consejera, la amiga, la amante, la madre, la abuela que, muchas veces no sabe siquiera que tiene derechos; esa mujer que sin fuerzas, las saca de donde no las tiene para tirar del carro, unas veces de la familia, otras del trabajo, otras de todo.
Mañana es el día del sexo femenino porque desde niñas ya somos otra cosa, nuestro instinto nos hace ser diferentes porque llevamos aprendido en los genes la lucha de todas las mujeres anteriores a nosotras.
Es nuestro homenaje, nuestra fiesta y ¡como nos la merecemos!. Mientras unos están jugando a destruir lo bueno que aún queda, nosotras luchamos por conseguir mejorar la vida. Nos importa que haya justicia, que haya trabajo para todos, que los mayores sean respetados, que para eso nos han dejado un legado importante, que nuestros hijos tengan un mundo bueno y saludable; nos importa el respeto hacia los demás y hacia nosotras mismas, nos importa la nobleza de corazón. Nos importa la tierra en la que vivimos. Otros juegan a hacerse cada vez más ricos a costa de los pobres y cada vez son más pobres interiormente. Otros juegan a la guerra por un trozo de tierra, por un pozo de petróleo, por dinero, al fin y al cabo. Serán los más ricos del cementerio y dejarán un erial para el resto. Por eso luchamos las mujeres, para que no nos puedan dejar un erial.
Nosotras somos la fuerza del mundo, las únicas con capacidad de parar tanto desatino. El día que las mujeres nos levantemos todas a una, ese día los hombres que ponen el pie sobre nuestro cuello, tendrán que marcharse con la cabeza gacha.
¿A que estamos esperando?

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