Mañana
día de la mujer trabajadora... ¡como si hubiera otra clase de
mujer!. No conozco a ninguna mujer que no lo sea; la que no trabaja
en la calle, trabaja en la casa, sólo exceptuando alguna que no da
un palo al agua; de esas que por no hacer, tienen ama de cría y
“nanny” para que los niños no molesten. Pero son las menos.
Las
mujeres a las que se refiere el 8 de marzo, son aquellas que sacan
tiempo de todas partes para hacer todo tipo de tareas, aquellas a las
que, a pesar del cansancio de cada día, encuentran el momento y el
lugar para dar amor a los suyos y a otros muchos; aquellas mujeres
que no sólo luchan por unos derechos, sino que cumplen con sus
obligaciones con mucho más ahínco porque, a pesar de que en papel,
todos somos iguales, sigue habiendo unos más iguales que otros.
El
día de la mujer que aún en una lucha diaria, busca la paz y la
felicidad dándose a los demás, siendo la mediadora en conflictos de
cualquier tipo, siendo el oído atento de cualquier queja, pena,
alegría... la consejera, la amiga, la amante, la madre, la abuela
que, muchas veces no sabe siquiera que tiene derechos; esa mujer que
sin fuerzas, las saca de donde no las tiene para tirar del carro,
unas veces de la familia, otras del trabajo, otras de todo.
Mañana
es el día del sexo femenino porque desde niñas ya somos otra cosa,
nuestro instinto nos hace ser diferentes porque llevamos aprendido en
los genes la lucha de todas las mujeres anteriores a nosotras.
Es
nuestro homenaje, nuestra fiesta y ¡como nos la merecemos!. Mientras
unos están jugando a destruir lo bueno que aún queda, nosotras
luchamos por conseguir mejorar la vida. Nos importa que haya
justicia, que haya trabajo para todos, que los mayores sean
respetados, que para eso nos han dejado un legado importante, que
nuestros hijos tengan un mundo bueno y saludable; nos importa el
respeto hacia los demás y hacia nosotras mismas, nos importa la
nobleza de corazón. Nos importa la tierra en la que vivimos. Otros
juegan a hacerse cada vez más ricos a costa de los pobres y cada vez
son más pobres interiormente. Otros juegan a la guerra por un trozo
de tierra, por un pozo de petróleo, por dinero, al fin y al cabo. Serán
los más ricos del cementerio y dejarán un erial para el resto. Por
eso luchamos las mujeres, para que no nos puedan dejar un erial.
Nosotras
somos la fuerza del mundo, las únicas con capacidad de parar tanto
desatino. El día que las mujeres nos levantemos todas a una, ese día
los hombres que ponen el pie sobre nuestro cuello, tendrán que
marcharse con la cabeza gacha.
¿A
que estamos esperando?
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